A veces la vida te pone en aprietos… buenos aprietos
A mediados del año pasado, me llegó una propuesta profesional que me hizo frenar todo y replantearme cosas. Fue de esas oportunidades que te hacen dudar, aunque estés en un buen momento. Una gran empresa me contactó a través de LinkedIn. Querían que liderara un equipo de diseñadores para coordinar la comunicación gráfica interna y externa de la organización. El puesto estaba bien definido, el sueldo era muy atractivo, y además, estaban dispuestos a cubrir mi vuelo y el primer mes de renta. Nada mal, ¿no?
Pero había dos detalles que cambiaban todo: era presencial y en una ciudad a dos horas y media en avión. Y yo, sinceramente, no estaba buscando moverme en ese momento. Aún así, lo consideré con seriedad. Hice números, evalué el costo de vida allá, el proceso de amueblar una casa desde cero, los traslados diarios, el impacto emocional de estar lejos de mi entorno actual…
La decisión no fue fácil. Decir que no a algo bueno siempre cuesta. Pero algo dentro de mí me decía que no era el camino.
Elegir no moverse también es avanzar
Hoy, a un año de esa propuesta, puedo decir que me va bien. He crecido profesionalmente, he trabajado en proyectos que me apasionan y sigo construyendo algo propio, paso a paso. Pero no dejo de pensar que aquella oportunidad representaba una bifurcación importante. No porque me arrepienta, sino porque cada decisión que tomamos implica también renunciar a algo.
Y ahí está lo interesante: muchas veces creemos que avanzar significa siempre tomar el camino más brillante, el más retador o el que más suena a “éxito”. Pero también hay crecimiento cuando elegimos con calma, con madurez, con base en lo que queremos y necesitamos en ese momento.
No siempre es fácil tomar esas decisiones. A veces sentimos que nos vamos a perder de algo grande. Y puede que sí. Pero también puede que estemos eligiendo un camino más auténtico, más alineado con lo que somos y buscamos. Y eso, aunque cueste verlo en el momento, es ganar.
¿Y a ti, te ha tocado decir que no a algo que parecía perfecto?
Dicen que las decisiones importantes se sienten en el estómago antes que en la cabeza. Esta fue una de esas. Me encantaría saber si tú también has tenido que renunciar a una gran oportunidad por razones personales, familiares o simplemente por intuición. ¿Cómo lo viviste? ¿Te arrepientes o fue lo correcto?
Cuéntame en los comentarios y, si esta historia te hizo pensar en alguien más, compártela. Quizá a esa persona también le sirva leer que decir que no, a veces, es también una forma de avanzar.
1 comentario
El perder mi empleo en su momento fué hasta cierto punto caótico y aunque yo no me sentía agusto creo firmemente que atraje ese desenlace pues yo lo externé y pedía moverme para crear nuevos proyectos, finalmente me moví a otro empleo con las mismas actividades pero con mayor potencial de crecimiento profesional. Es más pesado pero muy enriquecedor el saber que estás haciendo las cosas bien y que mi esfuerzo si es valorado y apreciado me deja muy satisfecho.
al perder salí ganando, por ahora estoy donde debía estar hace mucho tiempo.
Ya vendrán nuevos proyectos y vamos a prepararnos para cuándo eso suceda hermano.