Todo eso que parecía normal… hasta que entendí lo que valía

Hay cosas que uno tarda demasiado en entender.

Porque mientras están pasando, parecen normales.
Cotidianas.
Parte automática de la vida.

Y quizá por eso no las vemos completas hasta que crecemos un poco más.

Hasta que entendemos el esfuerzo detrás.
La paciencia detrás.
El amor detrás.


De niño uno cree que las cosas simplemente ocurren.

La comida aparece.
La ropa limpia regresa al cuarto.
Los problemas “se arreglan”.
La casa funciona.

Y mamá… bueno, mamá simplemente está.

Como si fuera parte natural del mundo.

Pero luego creces.

Y empiezas a descubrir que la vida cansa.
Que trabajar agota.
Que sostener una casa no es sencillo.
Que cuidar de otros mientras intentas sostenerte tú mismo requiere muchísimo más amor del que uno imagina.

Es ahí cuando ciertas escenas regresan distinto.

Ese “¿ya comiste?” deja de sonar repetitivo y empieza a sentirse como cariño puro.
Ese “avísame cuando llegues” ya no parece exageración.
Ese insistir en cuidarte empieza a tener sentido.

Porque uno entiende algo importante:

Muchas veces las madres aman en silencio.

Sin discursos.
Sin esperar reconocimiento.
Sin necesidad de hacerse protagonistas de nada.

Lo hacen en las pequeñas cosas.

En despertarse antes.
En preocuparse incluso cuando no lo dicen.
En seguir pensando primero en los hijos, aunque ya crecieron.
Aunque ya trabajen.
Aunque ya tengan sus propios problemas.

Y quizá eso es lo más fuerte de todo.

Que durante años creemos que esas cosas son normales…
hasta que descubrimos que en realidad eran actos de amor diarios.

Constantes.
Silenciosos.
Gigantes.

Y no, no hace falta esperar a que alguien falte para entenderlo.

A veces también se vale mirar alrededor mientras todavía están aquí…
y reconocerlo a tiempo.


Tal vez el 10 de mayo no debería sentirse como una obligación de calendario.

Tal vez debería ser un recordatorio.

De agradecer más.
De poner atención.
De dejar de asumir que ciertas muestras de amor “simplemente existen”.

Porque detrás de muchas de nuestras mejores memorias…
de nuestras costumbres…
incluso de la forma en que entendemos el cariño…

probablemente estuvo una mamá haciendo muchísimo más de lo que alcanzábamos a ver.

Y qué fortuna darse cuenta…
cuando todavía puedes abrazarla.


A veces las cosas más importantes de la vida nunca hicieron ruido.
Solo estuvieron ahí… todos los días.

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